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Avenida Larco y la peruanidad gay

El largo camino para pensar una convivencia en donde nada nos divida

Publicado: 2017-04-10

[Alerta de spoiler] 

Hoy vi Av. Larco con Camila (mi hija) en el cine de Metro de San Juan de Lurigancho a sala repleta y con muchos niñxs entre los espectadores. Menciono esto porque desde la segunda mitad de la película empieza una historia secundaria vital para la historia peruana contemporánea: la de las personas LGTBI y sus esfuerzos por dejar de ser invisibles y empezar a vivir con dignidad. Esta lucha no es reflejada a través de marchas o activismo, sino con la historia de dos rockeros que se enamoran y que asumen antes y después que no están equivocados a pesar de las reacciones de la gente que los rodea.

Más allá de centrarme en la poca diversidad racial de los protagonistas (todos los secundarios son cholos), en la casi nula participación de las mujeres (simples accesorios en el guión), en las gruesas y toscas pinceladas a la realidad nacional (ingenuas en su mayoría por decir lo menos) o en sus extraños giros musicales (con vuelos incluidos), quiero quedarme con estas escenas, que generaron asombro, gritos, risas, sofocos y pifias entre los espectadores, tantas que tuve que ponerme a callarlos (unas escenas por cierto, bastante contemporáneas, nada que ver con lo que realmente pasaba en los 80-90, eso se merece un documental que ya se está haciendo y que justamente trata de los crímenes de odio en esos tiempos aciagos).

Lo que resultaría un anacronismo en el 2017 (la discriminación hacia las personas LGTBI), resulta ser algo ya superado en el tiempo de la película (1989). Vivimos en un país que avanza y retrocede de forma circular.

Empezamos. Entre tanto macho heterosexual, con escenas de celos incluidas, nadie espera ver uno de los besos gays más apasionados del cine nacional, un beso que se da en la clandestinidad y que deja una sensación de desasosiego luego de ser descubierto, así como tampoco esperamos que luego de este descubrimiento haya una reflexión serena, natural y centrada en cómo el machismo nos recubre de capas que no permiten​ que seamos capaces de comprender la diferencia y el amor, ni seamos sinceros con nosotros mismos.

La escena que continúa es de la pareja gay intentando resolver esta abrupta salida del clóset sin estereotipos ni revictimización, sino a través de la experiencia mutua de la discriminación y cómo afecta profundamente nuestras vidas. Luego de esto no hay escena en donde no esté presente la homosexualidad, ya sea para generar otro conflicto que se resuelve con amor y un beso más dulce, que fue el que molestó más a los homofóbicos espectadores, ya sea para entender que la amistad, la verdadera, pasa de la homofobia y la deja atrás para siempre.

Está tan presente la homosexualidad, que incluso en la última escena, en la última línea del guión, se vuelve a mencionar, generando un ambiente de risas, pero también de posibilidades de convivencia si dejamos atrás la sorpresa y el miedo, y empezamos a aceptar que no es la diversidad lo que nos separa, sino la homofobia, el clasismo, el racismo, la corrupción y el egoísmo de una sociedad que no ha terminado de cuajar ni es capaz aún de imaginar un horizonte en donde todos seamos iguales.

Así que vayan a verla, lleven a muchos niñxs y homosexualícense todo lo que puedan ❤🌈

Además, es una buena excusa para que lxs más chicxs escuchen rock peruano y les pregunten qué pasó en los 80 y 90 en el país ;)

PD: Sale Fiorella Cava como jurado del concurso de bandas.


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