no te intimida

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A Mariela Barreto

Texto: Claudia Almeida Goshi

Publicado: 2017-03-23

Han pasado ya 20 años desde que tus restos fueron hallados dentro de bolsas de plástico el 23 de marzo de 1997. Dos hombres, como si se tratase de desperdicios, se deshicieron de tu cuerpo hecho mierda, tirándolo por las afueras de Lima, cerca de la carretera que va a Canta. Lo hicieron a plena luz del día. No pasó mucho tiempo para que una niña se animase a abrir una de las bolsas. Te encontró. Te encontramos y quienes quisimos ver ya no pudimos apartar la vista del régimen que gobernó el país durante la década del 90.

Tu familia se preocupó tanto por ti al darse cuenta de que no regresaste a casa a tiempo para dar de lactar a tu segunda hija recién nacida. Finalmente, tu compañera en el Grupo Colina, Iris Chumpitaz, les dio por teléfono la peor noticia que pudieron escuchar en sus vidas: había un cuerpo que podría ser tú. Pudieron identificarte gracias a las marcas que tus asesinos no te infligieron. Paradójicamente, tus restos terminaron por revelar aquello que tus asesinos se preocuparon por desaparecer: tu nombre y tu testimonio.

Descuartizada, sin brazos y sin cabeza, así fue como te dejaron. ¿Qué no te habrán hecho antes de que la penumbra se apodere de ti? Por ahí leí que te habían cercenado viva. Es una posibilidad nada deleznable teniendo en cuenta las características de tus presuntos asesinos: ex agentes del Grupo Colina capaces de matar indolentemente y sin dudar. Entre ellos, figura tu ex pareja y líder del Destacamento, Santiago Martin Rivas, el hombre que más rencor te tenía. Creo adivinar por qué te terminó odiando: porque lo mandaste a la mierda, porque decidiste hacer tu vida, rehacerla sin que él la ensombrezca.

Por varios meses pensé que tu homicidio fue un lamentable feminicidio. Es una hipótesis que manejan otros investigadores que se interesaron previamente en tu vida y tu muerte (Uceda 2004, A. Vargas Llosa 2000). Pero debo confesar que me equivoqué. Para echar luz sobre tu asesinato, es necesario no solo preguntarnos por lo que te hicieron, sino también por lo que hiciste tú. Tú, ex agente Colina, estuviste presente durante la matanza de Barrios Altos, sabías la ubicación de los cuerpos de los “desaparecidos” de La Cantuta y apuntaste con un arma a la hija de Pedro Huilca mientras ella observaba cómo su padre se desangraba. No disparaste. Nunca lo hiciste. Pero sabías demasiado y ese conocimiento te dolía, te estaba destruyendo. Por eso, fuiste uno de los contactos que el periodista Pepe Arrieta tenía en el Servicio de Inteligencia del Ejército. César Hildebrandt también confesó que tú y Leonor La Rosa le entregaron información. Finalmente, las descubrieron. Sabías muy bien lo que el régimen era capaz de hacer si se enteraba de tus infidencias. Nadie mejor que tú lo sabía, y también era de tu conocimiento que no tenías escapatoria.

La hipótesis que maneja hoy la Fiscalía es que Vladimiro Montesinos te mandó asesinar y encomendó esta tarea justamente al hombre que podría disfrutar causándote dolor: Santiago Martin Rivas. Él no te desmembró solo. Él jamás mató solo. Siempre estaba acompañado de otros hombres que miraban y esperaban cómo impartía el primer golpe. Otro punto a favor de la acusación fiscal es que Martin Rivas no solía asesinar sin un mandato, sin que se lo ordenasen, sin saber que lo iban a proteger, pase lo que pase. Y así fue. 20 años han pasado y hasta ahora tu homicidio permanece impune. Tal vez se produzca una sentencia en unos años. Tal vez no. Por la justicia que tú, los tuyos y todxs merecemos, esperamos que así sea. Estaremos vigilantes. Sin embargo, lo que sí te puedo asegurar, Mariela, es que tú fuiste la mujer que nos abrió los ojos a muchos, incluyéndome a mí. Fuiste quien demostró lo que el régimen fujimorista era capaz de hacer contra las mujeres, contra los disidentes, contra los que se atreven a decir “nunca más”.

Que tu nombre y testimonio permanezcan indelebles en la memoria de una nación que no te pudo amparar cuando la necesitaste, pero que está aprendiendo a recordar.

Lima, 23 de marzo del 2017



Escrito por

Feministas

Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar


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