No indulta

Fuente: vecinosycomunas.com.ar

Amigo, date cuenta

Publicado: 2015-03-10



Hace unos días el Congreso aprobó la Ley del acoso callejero, lo que significa un gran paso en la lucha por la equidad de género. Sin embargo, esta decisión histórica abrió nuevamente el debate en redes sociales sobre lo que debe ser considerado acoso y lo que solo es una “manifestación de galantería” del hombre. En este post mostraré algunos de los comentarios más indignantes con los que me he topado esta semana, y trataré de explicar por qué las personas que los escribieron no tienen razón. Además dejaré demostrado que la ignorancia no solo es atrevida, sino también dañina.

1. El último romántico

¿Quién soy yo para privar al mundo de romanticismo? Claramente esa no es mi intención. Pero la lucha contra el acoso callejero no tiene NADA que ver con el romanticismo. ¿Me pregunto cuántos de los hombres que se han acercado a mí en la calle a lo largo de mis 25 años, lo han hecho con alguna intención romántica? La respuesta es ninguno. Todos los hombres que me han interceptado en el camino lo hacen con una intención de ejercer un poder sobre mí porque soy mujer.

El silbido en la calle, el "bonita" del señor sesentón, la mira faltosa con rayos X del chico de la esquina, no son expresiones de galanterían ni un intento por conocerme para acceder a cortejarme.

2. “El respeto se gana”

¿Qué es vestirse como puta?, ¿llevar una minifalda?, ¿usar un escote pronunciado?, ¿un top por encima del ombligo? Si el respeto dependiera de cómo luce la gente, la situación sería un poco caótica, ya que tendríamos el derecho de pegarle en la cara a alguien solo por tener cara de idiota.

Otro punto importante, ¿a cuántos prejuicios están expuestos los hombres por su manera de vestir? He visto hombres sudosos en la calle sin polo y chicos con el pantalón por debajo del bóxer y nadie se atrevería a insultarlos o a pensar que no tienen dignidad por vestir así. La única que está expuesta a ser juzgada por su manera de vestir o su comportamiento sexual es la mujer.

Por último y para que quede más claro, hace más de un año hice una sencilla comparación con respecto al mismo tema (la periodista Joyce Guerovich justificó el acoso por la ropa provocativa de la mujer), que me gustaría compartir nuevamente:

3. “Ni que estuvieras tan rica”

¿Quién decide si el acoso es algo terrible o extremo?, ¿el acosado o el agresor? Si a algunos hombres les cuesta entender lo que pasamos día a día, ¿qué les hace creer que tienen derecho a opinar sobre qué tipo de manifestación es aceptable o no? ¡Si ellos no lo viven!

El otro punto preocupante en este comentario es la diferenciación entre mujer bonita y mujer fea. Este individuo cree que las que nos quejamos somos las feas pues las bonitas están acostumbradas a los piropos y no les molesta. Una vez más somos regidas solo por nuestra apariencia física.

El hombre machista asume que tú debes aceptar su piropo si no es así o eres fea, o lesbiana o puta (me ha pasado que me he defendido ante un tipo de acoso y me han gritado “prostituta”). El hombre machista necesita de la mujer sumisa para poder ejercer su poder, si la mujer se empodera el hombre no tiene de otra que insultar o golpear.

4. Naturalizando la agresión

Como mujer a veces naturalizas la agresión porque te han enseñado a hacerlo. Te han enseñado a que los hombres tienen deseos sexuales que no pueden reprimir, te han enseñado a que los tienes que aguantar, a que tienes que agachar la cabeza.

Sí, existen problemas graves como las violaciones y los feminicidios pero todo eso también tienen como punto de partida, la misoginia y el machismo. La práctica del acoso callejero es la expresión de sexismo más cotidiana y por cotidiana, se ha terminado aceptando PERO ESTÁ MAL. Nadie tiene derecho a restringir tu derecho a caminar tranquila por la calle y nadie tiene derecho a callarte si lo denuncias.

5. Los machistas también lloran

Este es el último punto y es personal. Llevo más de dos años hablando sobre el acoso callejero, ello ha ocasionado que me vea expuesta a insultos y comentarios ofensivos en redes sociales. Pero esta vez recibí un inbox que, aunque no fue esa la intención, me pareció un mensaje esperanzador:

Concluyo diciendo que la ley en contra del acoso callejero no le pone punto final a la problemática, solo es el primer paso. Para seguir con esta lucha se necesita más mujeres dispuestas a denunciar pero sobre todo, necesitamos más hombres y menos machos. Los hombres no necesitan probar su masculinidad en cada esquina, los hombres respetan, los hombres no invaden espacios personales, no ejercen violencia, no atacan, no violan y saben controlar sus deseos sexuales. Los machos son los animales.

Bonus 1: Recomiendo ver este reportaje del programa La Batería de Panamericana, en donde se refleja la más cruda realidad del acoso callejero: La vulnerabilidad al espacio personal de las colegialas. 

Bonus 2: La mayoría de comentarios mostrados fueron tomados de mi Facebook y los demás de este post: http://on.fb.me/1EanZjy


Escrito por

Suiry Sobrino Verástegui

Feminista, rebelde y a veces periodista. @suiGnris


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