Defendamos las lomas

María del VRAEM

Situación de las mujeres víctimas del narcotráfico en Perú

Milagros Olivera Noriega

en casa

Publicado: 2014-02-13

¿Cómo habitar un espacio en el que la ignorancia es compasiva con sus protagonistas? ¿Cómo saberte atrapada en un cuerpo que debe procrear antes de cumplir la mayoría de edad? ¿Qué hacer cuando al lugar en el que vives no llega ni el Estado ni la policía ni ningún órgano rector? Y, finalmente, ¿qué hacer si los órganos rectores que llegan terminan por confluir con un sistema mafioso que busca perpetuar la violencia que quema algo más que tus entrañas? 

Estuve 16 días en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), específicamente en la ciudad de Pichari, sector resguardado –en todas sus esquinas- por agentes policiales cuya presencia en la zona está supeditada a la identificación y exterminio de la hoja de coca y el narcotráfico.

Llegué procedente de Huamanga, Ayacucho, tras 6 horas de viaje por un sendero defectuoso, donde los frecuentes derrumbes dificultan el trayecto de los automóviles. Pichari es una ciudad que alberga a más de 10mil habitantes, la mayoría de ellos dedicados al cultivo de la milenaria hoja de coca.

Me dispongo a atender en este texto las condiciones y las razones que hacen de esta zona de riesgo un lugar más dramático para sus habitantes femeninos, no solo por el temprano inicio de la labor reproductiva, sino también por la falta de oportunidades educativas y de desarrollo.


LAS CHICAS DECENTES

“El problema no es lo que seas, nada de eso. El problema es que se haga escándalo”, me dijo una tarde Yudith Quispe, una mujer que, gracias a la carrera técnica que estudió, tenía cierto dominio, del que abusaba, en la zona.

El día anterior fuimos a una discoteca de la zona. Una joven, la única lesbiana que logré identificar durante todo el periplo, se acercó y bailamos. Las personas de la discoteca miraban con desconfianza el espectáculo. Algunos reían y la mayoría se apartaba, pero a la joven, quien había bebido, poco le importaban las risitas y cuchicheos creados a su alrededor.

“Dicen que ya se curó, que ahora está con un chico”, comentaban sus amigas, intentando tranquilizar al respetable que no entendía el por qué del cabello tan corto de la joven, quien matizaba su imagen con una vestimenta íntegra de rosado. Pero el alcohol lograba que, nuevamente, prefiera tocar el rostro suave de una joven y no la barba de un veinteañero. Y que termine la noche sentada en una mesa, con la mirada estancada en la chica de piernas delgadas y ojos marrones.

“En Pichari las chicas de su casa, o sea, las chicas decentes, salen a la discoteca solo con el enamorado. Las que van solas son las fáciles”, repetía Yudith, feliz de formar parte de una ciudad con tantos prejuicios y trabas que ella, orgullosa, alimentaba. 

Tienen los intolerantes y conservadores funcionales una característica en común que los convierte en una hermandad fácil de identificar; están orgullosos de la sumisión femenina y ven en el dominio (masculino) una actitud que dignifica, necesaria para soslayar la –convenientemente- defectuosa libertad.

Según un sondeo breve que pude realizar, la vida sexual de los y las jóvenes inicia a los 12 años. A los 15 años y sin terminar el colegio, muchas de ellas ya tienen su primer hijo (evidentemente sin planearlo) y a los 23 años es normal que las jóvenes ya hayan tenido tres partos y dos interrupciones voluntarias del embarazo.


MARÍA

María, una adolescente de 14 años - que laboraba como trabajadora del hogar en casa de Yudith más de 8 horas diarias por un sueldo mensual de 300 soles – quiere ser abogada. Le pregunto si es virgen y me responde que no. Luego agrega: “Acá no se habla de esos temas”. Le pregunto por qué y me responde, tierna: “No sé. Simplemente no se habla de eso” y da por finalizada la conversación.

Y nuevamente el fantasma de la deserción escolar, de los embarazos no deseados y de la doble moral me permite comprender lo que diariamente afrontan miles de adolescentes que no reciben educación sexual, que son abandonadas por un Estado que cree que llevando precarios programas que hablan de abstinencia sexual pueden lograr cambios. 

Por supervivencia terminan acostumbrándose, sabiéndose agentes únicamente reproductivos y de satisfacción masculina. Porque el sexo, cuando es tabú, sirve para que el acto sexual sea exclusivamente de disfrute masculino y para sustentar el patriarcado como modelo de dominio femenino y social. Y, por más irónico que parezca, el lugar del temprano despertar sexual es, además, el lugar donde las relaciones sexuales son un tema tabú, "hipócrita lector".

¿Cómo romper con un esquema de opresión cuando el programa que más se consume en la zona es “Esto es Guerra”? Quiero decir, ¿Cómo transformar un pueblo sacudido por el narcotráfico y la violencia en un espacio de igualdad y tolerancia cuando los medios de comunicación solo producen paliativos que objetivan cruelmente a las mujeres? ¿Cómo justificar la situación de una joven de 16 años que ve su futuro truncado mientras carga a su hija en brazos, sabiendo que hay decenas, cientos de mujeres como ella? ¿Podemos decir que es su culpa? ¿Qué por qué no pensó antes de tener relaciones sexuales? ¿Podemos ser tan mezquinos y dejar de exigir educación gratuita y de calidad, salud digna y para todos y decirle al Presidente de la República, a la Ministra de la Mujer y al Ministro de Salud que dejen de gobernar solo para los hombres y a favor de una Iglesia pederasta? Porque la situación que describo no es más que un constructo avalado por el Estado desde hace varios años, que disgrega y ofende a las mujeres por intermedio de políticas que buscan esclavizarnos.


EDUCACIÓN PARA LA ERRADICACIÓN

¿Cómo se pretende erradicar el narcotráfico si no quieren (o no les conviene) educar (sexualmente y culturalmente) al pueblo?,¿Cómo se pretende erradicar el narcotráfico si no brindan otras herramientas de desarrollo que no sean el cultivo de la hoja de coca? 

¿Será que a las autoridades no les conviene y prefieren permanecer en el cómodo silencio de quienes se benefician con el delito?

La pregunta está abierta.


Escrito por

Milagros Olivera Noriega

Feminista. Este es un diario abierto. @nousocolet


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